domingo, 1 de diciembre de 2013

La Mecedora. Literatura en la Familia Sagra

                                   


Fotografía de Gabriel Sagra Catedra (Aldeahermosa, 1.879-1.946), bisnieto de Gabriel Sagra Morante. Alcalde-Presidente del Ayuntamiento de Montizón entre 1.915 y 1.916.
Por cortesia de Doña Agueda Bautista Zafra

No ha sido hasta momentos muy recientes en que la ciencia ha echado la vista atrás y ha consensuado que la Historia tenía más que ver con el producto social de la relaciones cotidianas que con esas interminables retahílas de reyes, de batallas o de conquistas.
Eso que se ha dado en llamar la microhistoria, la historia social, acoge en su seno eso que siempre se obvio y desde la perspectiva que nunca se contó.
El Tiempo Atávico también es la Crónica de la Familia Sagra. La familia, ese hilo conductor y vertebrador desde el origen de los tiempos se muestra aquí con personas reales; lugares, ocupaciones, devociones, aspiraciones… y sobre todo como ente acogedor, protector e inspirador de todos y cada uno de sus miembros. En definitiva: del Hombre.
Ya en anteriores post relatábamos esa necesidad de expresarse que ha tenido la familia a través de la palabra escrita. Literatura con mayúsculas que surge desde las mas humildes plumas:
“Maria Josefa Rubio Morales, hija del tataranieto de Gabriel Sagra. Una cita con la tradición”
“Literatura Sagra”
“Temístocles Rubio Carrasco, otra cita con la tradición familiar”
etc..
Hoy recibimos con gran satisfacción e interés, de la mano de su propia autora, Doña Águeda Bautista Zafra (escritora e investigadora, perteneciente a una de las estirpes de los descendientes de nuestro Gabriel Sagra Morante –Santisteban del Puerto 1.782-1.853-) una sobrecogedora poesía en la que la autora es testigo privilegiada de un modus de vida: la de su padre político, Francisco Sagra Pacheco (Aldeahermosa, 1.910-2.003).

LA MECEDORA

Del patio la mecedora
era lo que más le gustaba
por nada del mundo
podría cambiarla.
Rodeado de aspidistras
geranios y otras plantas
música de radio casete
o ronroneo televisivo
de la cercana estancia.
Ambiente plácido
que al sopor invitaba
rato que tenía
allí lo pasaba
aguardaba el alba
dormitaba la siesta
también trasnochaba.
Ante su trono de audiencias
desfilaban: paisanos,
familiares, amigos…
él moderaba: debates,
tertulias, ponencias…
Sus estudios, sus años
árbitro nombrado
de toda la aldea;
garante perfecto
de sentencias, consejos...
¡Amaba su pueblo
amaba su casa
amaba su patio!
Tanto los anhelo
en la guerra
que a su regreso
jamás quiso
abandonarlos
ni horas, ni días,
ni meses, ni años
solo los dejó
cuando sus nietos
lo llevaron
para el eterno
descanso.
La testigo muda
preside el patio.

Águeda Bautista ‘ Recuerdos de Frasquito ‘, 16 de mayo de 2006.
Por cortesía de la autora.