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jueves, 10 de febrero de 2022

MANUEL VILLAGRÁN Y CASTELLANO

 


Aunque no era de Las Navas estuvo muy relacionado con el pueblo y con la familia de su esposa, Laura Carrasco Filgueira (Navas de San Juan, 1.890-Sevilla 1.975) donde mantuvieron casa durante muchos años. En la antigua Plaza del Pozo (Plaza de Arriba) numero dos.
MANUEL VILLAGRÁN Y CASTELLANO (1.884-1.936) eminente jurista, Abogado en ejercicio y Notario del Reino, tuvo como ultimo destino y residencia el Bajo Aragón. Concretamente la Notaría de Caspe y Pina de Ebro, donde, además, mantuvo un especial interés por el estudio del Derecho foral civil aragonés.
Natural de Trebujena, provincia de Cádiz, su padre era natural de Jerez y amigo íntimo de Miguel Primo de Rivera. 
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Fotografía por cortesía de Bruno Escobar.



miércoles, 13 de febrero de 2019

TADEO SAGRA, 1852. LABRADOR Y VECINO DE ALDEAHERMOSA


Gabriel Carrasco Hurtado

Hacia 1.830, el primogénito de Gabriel Sagra Morante (Santisteban del Puerto 1782-1854) migró a Aldeahermosa, una aldea vecina de Santisteban del Puerto. En ella fundó la única estirpe que ha dado continuidad a descendientes llamados Gabriel Sagra y por tanto apellidados Sagra.
Casi a tiro de piedra, en la antigua Dehesa de Montizón, cuarto del viejo San Esteban del Puerto, la colonización carolina promovió las Nuevas Poblaciones de Venta de los Santos y Montizón. Y bajo la idea de arraigar los colonos pegados a la tierra (Pérez 2014: 110), Aldeahermosa. Ya en el siglo XIX pasaron a formar parte – de iure – del antiguo Reino de Jaén, hoy la Provincia de Jaén.
El tránsito de Santisteban del Puerto hasta La Aldea[1], a diferencia de hoy, era más fácil y cercano. Bajando a la Venta de San Andrés se accedía al viejo Camino de Aníbal o de los arrecifes. Entre los lugares por donde discurría la vía destacamos Los Ardales, El Águila, Hazas Viejas,… así hasta llegar a ese promontorio mítico de Cabeza Chica. A lo lejos la Cabeza Grande, con sus baños. Lugar de encuentro de las familias hasta mediados del siglo XX.

 Cabeza Chica. Cerro a las puertas de Aldeahermosa. Por su ladera Este discurre el Camino de Aníbal, la entrada a las Andalucías desde Castilla y Valencia en el antiguo paso  “Saltus Castulonensis” romano. Fotografía del autor


Juan Tadeo Sagra Fernández (Santisteban del Puerto, 1802-Aldeahermosa, 1875).
Atrás quedaron sus hermanas en Santisteban del Puerto y en Las Navas de San Juan. Atrás quedaron sus padres, en el Granero de Los Robledos (al sur de Santisteban del Puerto) donde terminó sus días su padre Gabriel labrando las tierras del Marqués de Jabalquinto y Príncipe de Anglona. Desde antaño, el cultivo de la tierra ha sido, generación tras generación, el referente de la familia.
Un documento nos ofrece algunas pinceladas y nos define un poco la vida de los Sagra de la época. De Santisteban del Puerto y de Aldeahermosa. Datos sobre el cultivo de la tierra, la casa, la familia,… Tadeo Sagra y su esposa María Higueras.
El episodio es un Instrumento Público de Obligación ante el Escribano, que fue, de la Villa de Castellar[2] Don Luis del Álamo Ruiz. Esta firmado el 11 de enero de 1852 en la población de Montizón[3].
Tadeo Sagra vecino de Aldeahermosa tenía varias cuentas pendientes con Don Joaquín López, vecino de Santisteban del Puerto, en concepto de haberle suministrado, este último, determinadas fanegas de grano para su sementera: cebada, trigo claro y trigo candeal. También le había entregado dinero para “gastos de su casa y familia”.
El total ascendía a 2.661 maravedíes y mediante el acto se hacia un reconocimiento explicito de la deuda adquirida y la forma de devolución, elevando la Obligación a Escritura pública.

Firma y rúbrica de Juan Tadeo Sagra Fernández en el instrumento público. Fotografía del autor

Nuevamente el detallado de la garantía hipotecaria de la Obligación nos da información precisa sobre la ubicación de la casa familiar de Tadeo Sagra y María Higueras en la calle Real de Aldeahermosa.
En el documento se señalan los siguientes bienes hipotecados:
- Un quiñón en el sitio de Los Quiñones con aprovechamientos de viña y olivar.
- Tierra calma en el sitio de Los Llanos.
- Una Casa en Aldeahermosa sita en la Calle Real. Linda al levante con otra de Vicente López y al poniente con otra de Juan Oltra.
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Fuentes documentales.
Archivo Histórico Provincial de Jaén. Protocolos notariales. Castellar de Santisteban.  Escritura de Obligación autorizada por el Escribano de la Villa de Castellar. Don Luis del Álamo Ruiz el 11 de Enero de 1.852 en la Población de Montizón.
Bibliografía.
Pérez Fernández, F. J., «Montizón: colonia, municipio, anejo y municipio», en Boletín del Centro de Estudios Neopoblacionales, 2014; 3: págs. 110-122.
‘TADEO SAGRA, 1852. LABRADOR Y VECINO DE ALDEAHERMOSA’ de Gabriel Carrasco Hurtado, se publicó en el Boletín del Centro de Estudios Neopoblacionales, Nº5. Cordoba, Abril de 2015. Pg. 64.




[1] Nos referimos como es lógico a Aldeahermosa.
[2] Entonces Castellar de Santisteban o Castellar.
[3] En los documentos de la época la refieren así, la Población de Montizón o las Poblaciones de Montizón.

martes, 9 de enero de 2018

Familia de Gabriel Sagra Morante, Santisteban del Puerto 1.782 - 1.853




Gabriel Sagra Morante, nacido en Santisteban del Puerto el 17 de julio de 1.782. Labrador. Vecino de la Farrabullana y feligrés de Santa María del Collado. Falleció en 1.853.

Casado en primeras nupcias en 1.800 con:

Maria Fernández, Santisteban del Puerto 1.783 -  hacía 1805.
Hijos de este primer matrimonio:

Juan Tadeo Sagra Fernández. Santisteban del Puerto, 1.802 – Aldeahermosa de Montizón, hacía 1.870.
En 1.844 consta vecino de Montizón. Casado en primeras nupcias con Lorenza Fernández. En 1.875 consta fallecida.  Se supone de Santisteban del Puerto. Tuvieron un hijo llamado Gabriel.
Juan Tadeo se casó en segundas nupcias con María Higueras (se pudieron casar hacia 1.835). De este matrimonio nacieron: Luis, María Josefa y Adriana.

Catalina Sagra Fernández. Nacida hacía 1.803. Casó con Esteban de Roa.

Casado en segundas nupcias en 1.808 con:

Juana Romualda Salido León, nacida en Santisteban del Puerto el 7 de febrero de 1.785; padres: Juan Salido y Maria Antonia de León; abuelos paternos: Juan Salido y Ginesa Sabuco;  Abuelos maternos: Christobal de León y Andrea María Serrano Merino. 
Hijos de este segundo matrimonio:

Antonia Sagra Salido, nacida alrededor de 1.811 en             Santisteban del Puerto. Casó con Matias Gonzalez Cerón  de Santisteban del Puerto. Consta un hijo llamado Gabriel Honorato González Sagra  que nació en 1.844. Vecino de Montizón en 1.877; vecino de Santisteban en 1.884, calle Peña gorda. Casado en 1.869 con Sebastiana Tiburcio Cátedra González.    

Horencia Sagra Salido, nacida alrededor de 1.813 en Santisteban del Puerto. Casó con Francisco Alamo Vela, de Santisteban del Puerto. Consta un hijo llamado Gabriel Álamo Sagra, nacido en 1.854. Vecino de Santisteban.  

Pascuala Sagra Salido, nacida en 1.818 en Santisteban del Puerto y fallecida el 12 de marzo de 1.885 en Navas de San Juan. Casada en 1.835 en Santa María del Collado con Juan Carrasco Siles, natural de Navas de San Juan (nacido en torno a 1.815 y fallecido en septiembre de 1.859. Alcalde de Navas de San Juan).
Fueron vecinos de Navas de San Juan y tuvieron diez hijos llamados: LUISA, GABRIEL, JUANA, ANTONIO, JUAN JOSE, JUAN BAUTISTA, JULIANA, JOAQUIN, FRANCISCO Y MARIA DEL ROSARIO Carrasco Sagra.

Bernavela Sagra Salido, nacida en Santisteban del Puerto en 1.822, casada en primeras nupcias en Santisteban del Puerto con Jacinto Rubio del que tiene dos hijos llamados Manuel y María Antonia.
Casada, Bernavela, en segundas nupcias con Juan José Carrasco Siles, de Navas de San Juan  (1.827 - 1.893) residieron en Navas de San Juan y tuvieron cuatro hijos, llamados ANTONIO, LUISA, ANTONIA JUANA Y MARIA JOSEFA CRISTINA Carrasco Sagra.


viernes, 8 de julio de 2016

La carta; La Carolina, 4 de Abril de 1.893 Querido Francisco Deseo que ...


" La Carolina,  4 de Abril de 1.893

Querido Francisco

Deseo que al recibo de esta te encuentres bien. De vuelta a La Carolina te cuento que, habiéndole escrito previamente, estuve en casa del primo Gabriel en la Aldea, aprovechando el asunto del Duque de Medinaceli de la sierra. Sobre lo de los papeles del abuelo Gabriel, cree que si se la había dado a padre en mil ochocientos cuarenta y tantos. Según me decía pudo tenerla guardada en la Casa Consistorial de Las Navas el tiempo que fue Alcalde. Yo ya he hablado con tío Miguel y me dijo que cuando el estuvo de Alcalde, en el Ayuntamiento busco y busco y nada.
Concluyendo; el abuelo Gabriel la tendría en el cortijo de Los Robledos o en la casa de La Farrabullana de Santisteban. Luego se la dio a Padre y estaría en nuestra casa o en la Casa consistorial.
Por ahora te pido que cuando este el tío Juan José en la Lanzada trata con Don Juan Soto, el dueño de los Robledos y llégate por el Granero que queda cerca del Cortijo de tío Juan José. En Santisteban los papeles de Santa Maria se los bajaron a la Iglesia de abajo en el sesenta y tantos. Ya averiguaré.
¿Lo que había ? Lo que puedes pensar.
           
Recuerdos a los hermanos.    Tu hermano Antonio.

Francisco, los papeles los reunió Miguel Sagra (el del Concejo de Santisteban ) en 1.750."

sábado, 7 de febrero de 2015

20 de Abril de 1.884: el recuerdo al sabio profesor Don Narciso Hebrard y el dulce embeleso hacia su hija Matilde. Por Francisco Carrasco de la Sagra. IV




Original de los "Apuntes biográficos de D. Narciso Hebrar y Fernández, 
individuo del ilustre Colegio de farmacéuticos de Madrid".
Real Academia Nacional de Farmacia de Madrid.

Concluimos hoy una cuarta y última entrega de esta fascinante biografía, podríamos decir historia, donde este noble caballero castellano, Don Narciso Hebrard recala en Las Navas de San Juan, después de una vida de avatares. Pero ahí no acaba su singladura…

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No querían los padres del Sr. Hebrar que este ejerciera su profesión, pero el no podía consentir en continuar siéndoles gravoso más tiempo y al fin consiguió de ellos que le compraran la farmacia de D. Eusebio Segura, establecida en la calle del Desengaño. Desde el primer momento el Sr. Hebrar pudo hacer el despacho con la facilidad y soltura de quien tiene verdadero habito porque , en efecto, el practico asiduamente durante su carrera y por el solo afán de instruirse con el Sr. Jover, en su oficina de la Corredera alta de S. Pablo, donde adquirió gran suma de conocimiento practico que entonces, como todavía ahora desgraciadamente, solo pueden aprenderse en las oficinas de farmacia a lado de entendidos y escrupulosos profesores.
En verdad que no le favoreció la suerte a comenzar el ejercicio de su profesión, pues la oficina que tomó a su cargo el Sr. Hebrar estaba en la mayor postración y todos sus gigantescos esfuerzos, juntamente con las condiciones que

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reveló desde el principio de ilustrado y celoso profesor, severo en el cumplimiento de su sagrado deber, no fueron bastantes a levantarla de su abatimiento profundo, y a despertar el espíritu indiferente del público que concurría poco a ella,  y es que en Madrid, si no se toma desde luego una oficina de fama y moda, o se pone de nueva planta con deslumbrante lujo y atractivos oficiales que llamen positivamente la atención de la multitud impresionable, bien puede asegurarse, sin temor de errar, que no prospera ningún profesor, por grandes ventajas que ofrezca en otros más laudables conceptos.
Desanimado, pues, el Sr. Hebrar al ver que su constancia y su trabajo le daban tan escaso fruto, solicito y obtuvo la vacante de farmacéutico del Real patrimonio de S. Fernando, el 30 de junio de 1890, sin valerse de más influencias, ni haber empleado otros medios, que acompañar a la solicitud su brillante hoja de estudios.
Pero antes de contar como pasó la vida el Sr. Hebrar en el Real sitio de S. Fernando, voy a referir un hecho, por todo extremo original y notable, que le acaeció mucho antes de tras-

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ladarse a su nuevo destino y que el mismo me lo dijo.
En una hermosa tarde de marzo de 1848, un caballero de buen porte entro en la oficina del Sr. Hebrar y enterado de que este era el dueño de ella le participo que necesitaba hablar con el reservadamente. Pasaron a una habitación independiente, donde el desconocido, después de contar una historia de amores, suplico primero y exigió mas tarde, con temerarias amenazas, que se le facilitara un abortivo para salvar una situación comprometida, a lo que se negó digna y resueltamente el Sr. Hebrar, haciéndole entender al demandante que no lo complacía por sentimientos de honradez y humanidad, pero nunca por temor a responsabilidades de ninguna suerte que al fin eran problemáticas y que puesto había ya probado a otros farmacéuticos con igual resultado, se excusara de comprometer a más porque nada conseguiría, lo que el le garantizaba por todos anticipadamente.
No sabemos si irritado por esto o porque de todas maneras fuera su intención, es lo cierto que estando aquel hombre se dio a conocer como Jefe de Orden público, comprobándolo con la

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insignia correspondiente se exhibió y puso al Sr. Hebrar su termino de tres horas para que pensara y se decidiera, previniéndole que, de insistir e su negativa, seria preso aquella misma noche y deportado a día siguiente con varios conspiradores políticos. El Sr., Hebrar le contesto que diera por cumplido el plazo y lo prendiera desde aquel momento para ganar tres horas de adelanto en su asquerosa, pero incivil? Venganza y el Jefe de Orden público se salio aconsejándole, con el mayor del enfado, que recapacitara fríamente y prometiéndose quedar servido al volver.
Por aquellos días precisamente había surgido el movimiento liberal que desde su origen quedo ahogado en Madrid e imperaba el feroz absolutismo de los moderados que tan triste celebridad dio a los Sartorius y Narvaez y entonces bastaba cualquier infame delación para que el hombre más honrado y pacífico fuera arrojado y conducido como criminal a Fernando Po. El Sr. Hebrar lo pensó muy despacio y decidió prepararse para tan largo y penoso viaje antes que manchas de

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aquel modo su conciencia.
Salio a la oficina con la preocupación consiguiente a situación tan grave, pero firme en su propósito de negativa y al ser interrogado por el practicante, hombre joven pero sesudo y experimentado en los duros trances de la vida, le contó lo que pasaba, manifestándole su irrevocable resolución. El practicante que comprendió el riesgo inminente y seguro que corría su principal, concibió un medio de salir por lo pronto del apuro y, ¿ muy juiciosas observaciones para preparar el animo de este, se lo  participo
Consistía el medio propuesto en hacer unas píldoras de miga de pan exclusivamente y dárselas a aquel enfant terrible cuando volviera, idea que rechazo el carácter inflexible del Sr. Hebrar, quien no quería prestarse ni de mentirijillas, a ser cómplice de una infamia, ni a engañar sentamente al policía, pero el practicante insistió y, después de grandes esfuerzos para argüir hasta en el terreno de la mortalidad, consiguió que al fin transigiría aquel integro profesor momentos antes de expirar el bárbaro emplazamiento del jefe de orden publico, y el mismo Sr. Hebrar hizo diez pil-

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doras de la referida masa, que al tomarlas luego el interesado le pregunto si eran buenas y producirían el efecto apetecido, a lo que contesto con laconismo el Sr. Hebrar: “seguramente, son infalibles”.
El Sr. Hebrar no quería haber mentido inocentemente ni para salvarse de un peligro cierto y no mintió, porque al día siguiente muy temprano el héroe de aquel atentado brutal corrió con salvaje satisfacción a darle las gracias por el magnifico resultado de sus píldoras, al tomar la octava de las cuales se había verificado el aborto con toda facilidad.
Atónito y perplejo quedo el Sr. Hebrar sin decir una sola palabra; y abrumado bajo el enorme pero de aquel delito que gravitaba como losa de plomo en su inmaculada conciencia analizo el pan de donde había hecho las píldoras y ni encontró vestigios de ¿ En el, ni nada capaz de producir remotamente tan deplorable resultado. Un poco tranquilo con esto, pero sin perdonarse nunca haber contribuido siquiera inconscientemente, es decir, sin intención a tan punible delito, quiso publicar el caso en la prensa y ¿ la terrible acusación sobre el verdadero culpable: pero D. Nemesio Sollana, a quien es seguida se lo dijo todo, le hizo desistir de

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tal propósito no sin gran trabajo.
¿Con cuanta fe tomaría la mujer en cuestión aquella inerte sustancia y que ? influiría en su animo la idea del aborto para que este tuviera lugar en efecto? Tales anomalías no tiene explicación fuera de la misteriosa fuerza moral. Este caso es digno de citarse por los médicos y los psicólogos como aquel famoso del criminal que, convencido de recibir la muerte por una sangría abierta perfectamente simulada, murió en efecto sin que le sacaran una sola gota de sangre.
En San Fernando el Sr. Hebrar no tardo en conquistarse las simpatías del vecindario, la confianza de los compañeros médicos  y el aprecio y consideración de los jefes, así de la facultad en la Real Botica, como de las administrativos de la dependencia, quienes mas de una vez le devolvieron las cuentas que presentaba por que el quería hacer un descuento en la tasación de recetas que aunque le consintieran, diciéndole que el Patrimonio tenia muy buen dinero para no mendigar ni admitir ningunas rebajas, y amonestándole que en lo sucesivo se abstuviera de ofender así los altos sen-

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(falta el original)

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línea de Madrid a Zaragoza para obtener lo cual no se dio punto de reposo, haciendo continuos  viajes a la capital, donde sus gestiones con notables personajes, a cuya consideración podía ostentar  títulos legítimos por los servicios prestado, hicieron que alcanzar ese grande triunfo.
El Sr. Hebrar instalo en nuevos locales de los mas recomendables condiciones las escuelas de instrucción primaria de ambos sexos, mejora que le valió una comunicación atenta de la Junta Provincial de Instrucción Publica de Madrid, fecha 15 de Diciembre de 1864, dándole las gracias por el celo, actividad y entusiasmo que desplegaba a favor de la enseñanza. El reglamento la policía urbana y la higiene, cortando rutinarios abusos y practicas viciosas, reñida con la cultura que a aquel pueblo llevaba un elemento oficial ilustrado y relativamente numeroso. El introdujo provechosas reformas en los servicios públicos y los intereses locales ganaron mucho con su recta administración, la que organizo sabiamente salando los presupuestos con respetables sobrantes que dedicaba al hornato de la población y otras importantes mejoras.

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Como farmacéutico adquirió gran crédito y reputación por la bondad de sus medicamentos y el esmero y pulcritud con que los preparaba y hacia despacho, sin que en ninguna ocasión diera motivo a censuras ni quejas de nadie. Estaban, en fin, contentos con el y lo respetaban mucho en S. Fernando y el también se encontraba satisfecho allí, no obstante que perdió su capital entre los inmensos gastos que siempre hacia de su bolsillo en sus viajes como Alcalde, un hijo que libro de la suerte de soldado y tuvo también estudiando algún tiempo, reveses inopinados de fortuna y, sobre todo, un falso amigo de quien salio garante por una respetable cantidad que el Sr. Hebrar hubo de pagar luego. A pesar de todo esto estaba a gusto, repito en S. Fernando y esperaba resignado mejores tiempos para reponerse de los descalabros sufridos, cuando vinieron los sucesos de Septiembre del 68 y con ellos la supresión del cargo oficial que desempeñaba en Patrimonio, quedando cesante por virtud de oficio del Ministerio de Hacienda, fecha 17 de Junio de 1869.
Sin la ayuda del sueldo que disfrutaba como empleado en el Real Patrimonio y mermado considerablemente el vecindario de

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S. Fernando, de donde se retiro el elemento oficial y gran numero mas de habitantes al perder aquella población la realeza y con ella grande importancia y valiosos recursos, el Sr. Hebrar que ya tenia cuatro hijos, aunque una de las hembras, casada con un médico, no podía subsistir allí y con harto sentimiento suyo tuvo que ir pensando en buscar otro partido, dirigiendo para ello sus miradas a la hermosa Andalucía.
Resistió, a pesar de todo, en S. Fernando hasta el año 72 en que solicito la vacante de farmacéutico, que al caso vio anunciado el los periódicos profesionales, del pueblo de Navas de S. Juan, provincia de Jaén, y viose gratamente sorprendido por un oficio de Alcalde del mismo, fecha 30 de Diciembre, en que se le notifico el nombramiento de titular que en el había recaído, de entre los diez aspirantes del concurso y sin tener en cuenta más meritos, ni recomendaciones que los arrojados por su expediente. Este era un buen partido puesto que a parte de 500 pesetas de asignación solo por la residencia, se le pagaban mensualmente los medicamentos que consumieran 200 familias pobres, y era una población de mas de mil vecinos, donde, a mayor abundamiento, no había mas farmacéutico que el, así que el Sr.

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Hebrar aprovecho tan buena ocasión e hizo su traslado.
En Navas de San Juan, de donde es natural y está actualmente establecido quien escribe estas líneas, fue perfectamente recibido el Sr. Hebrar y bien pronto se gano todas las voluntades y adquirió estimables afecciones, creándose una reputación de honrado laborioso y severo farmacéutico, esclavo de su deber y por todo extremo escrupuloso en el cumplimiento del mismo que trascendió a los pueblos cercanos, de donde también venían por medicamentos a la oficina del Sr. Hebrar que estaba también surtida y gozaba de tanto crédito como las más afamadas de las ciudades más importantes de la misma provincia.
Aquí fue donde yo conocí al Sr. Hebrar, y tuve ocasión de apreciar sus excelentes prendas de ciudadano y sus notables condiciones de farmacéutico, haciendo mi aprendizaje en su oficina y bajo su inteligente dirección. El puritanismo más acrisolado, los más sabios y rigurosos preceptos, las máximas mas eruditas y morales, en teoría; y en la practica, el más cuidadoso esmero, la mas limpia pulcritud, los procedimientos más expeditos, el modo

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más hábil para el fácil manejo de los instrumentos, y utensilios necesarios en el ejercicio de la farmacia, eso era el cuerpo de su sana doctrina profesional, esa la saludable y provechosa enseñanza que ofrecía, dando para todo ¿ y precisas reglas.
Celoso por la bondad de sus medicamentos, el preparaba cuantos buenamente podía y no usaba ninguno de los que por fuerza tenia que adquirir del comercio hasta convencerse de que reunían las mejores condiciones, después de minuciosos ensayos. Trabajador infatigable, hasta las pastillas y los emplastes que exigen operaciones tan molestas y engorrosas y que en tan ventajosas condiciones se ofrecían por el comercio, los preparaba el Sr. Hebrar con una constancia y un empeño verdaderamente admirables, porque de otro modo no le inspiraban la menos confianza.
En este pueblo, donde lo pasaba perfectamente y era de todos estimado como hombre y por todos admirado como profesor, se le despertaron los más ardientes deseos de irse a Madrid, su adorado pueblo, donde quería pasar el resto de su existencia y esperar tranquilamente la muerte. A pesar de haberse creado aquí tan intimas afecciones

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con el casamiento de dos de sus hijos en condiciones muy aceptables no llego a colmarse su ? por su patria , sino que creciendo y exaltándose mas cada día, pasó a ser en el una verdadera manía, de la que nada ni nadie basto a sacarle.
El tiempo pasaba , sin embargo, y no se le presentaba la ocasión oportuna de trasladarse porque sin duda pensó, muy acertadamente por cierto, que era peligroso a sus intereses dejar un buen partido, donde positivamente estaba asegurado su porvenir, para aventurarse en Madrid, donde era más que dudosos, ya a sus años que ganara tan siquiera lo bastante a satisfacer las necesidades de la vida que resulta tan cara en dicha población; y es más que probable que ya no se hubiera ido nunca a la Corte, por razón de esas ? y dificultades, cuando, por otra parte, en las Navas le retenía el cariño de sus hijos, si un contratiempo no viniera a tumbar su tranquilidad y a avivar sus constantes deseos, algo adormecidos entonces por la absoluta imposibilidad de realizarlos favorablemente.
Un ignorante Juez municipal se considero ofendido por

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el Sr. Hebrar con motivo de no haber despachado este una receta para un caso judicial hasta que le pusieron el sello de la Alcaldía, lo que hizo ya escarmentado de que aquella autoridad, como tal y particularmente también, le enviara recetas cuyo importe luego no satisfacía en ningún caso; y al encontrarse por casualidad en la calle, pasados algunos días de esto el farmacéutico y el Juez municipal, este dio las quejas al primero por haber desairado su firma y atendido la del Alcalde. El Sr. Hebrar disculpo como mejor pudo, pero, tomándolo acaso el Juez como señal de debilidad insistió en sus cargos que encontró imprudentemente hasta el punto de que aquel se ?, contestándole, ya con dureza, para echarle en cara que otras veces no solo no le había pagado medicamentos que mando despachar para heridos, sino que tampoco los que había llevado para su familia. Entonces fue Troya; se insultaron mutuamente y el Sr. Hebrar parece que amenazo con pasar a vías de hecho, lo que no tuvo valor ni dignidad para resistir el Juez y llamo cobardemente a un alguacil ya decrepito, que casi no oía ni veía ni entendía y que con toda seguridad no pudo, por la

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distancia a que se encontraba, ver ni oír nada de aquello y echando mano del socorrido ejercicio de la autoridad, lo puso por testigo de que el Sr. Hebrar le había ultrajado.
El Juez, con desdoro de todo noble miramiento, formulo la oportuna comparecencia; fue incoado el proceso correspondiente y aquel digno profesor, tan celoso del cumplimiento de sus deberes; aquel ciudadano honrado tan amante de la sinceridad y de la justicia; aquel respetable anciano que en todo el transcurso de su vida observo la mas irreprochable conducta y solo había recibido prueba de estimación y afectuosos plácemes de todo el mundo por su virtud acrisolada, vio su noble y generosa frente torpemente mancillada por vez primera con el estigma ignominioso de una infame causa que cayo con inmensa pesadumbre sobre su corazón sensible y delicado ni mas ni menos que si hubiera delinquido cual odioso criminal y fuera merecedor de aquel repugnante sambenito.
Con las primeras diligencias de su injusto proceso coincidieron unas elecciones de Diputados a Cortes, en las cuales tenia comprometido su voto por los parciales de la candidatura del Sr. Cas

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telar el hijo de nuestro biografiado, a quien el representante de la Ley le ofreció, por medio de tercero, romper lo escrito y no llevar adelante aquel enojoso asunto si daba su sufragio al candidato ministerial que era el.
Esta transacción fue natural y dignamente rechazada, siguiendo, en sus consecuencias, su curso aquella mal ? causa que , a vuelta de mil crueles sinsabores, valió al Sr. Hebrar una condena de veintitantos meses de prisión, alguno cientos de pesetas de multa y pago de las costas procesales, por virtud de sentencia dictada en primera instancia, que afortunadamente no se hizo firme.
Llevada a plenario causa tan improcedente, la Audiencia del territorio, inspirada en altos sentimientos de justicia pero gracias también a valiosas influencias, borro la nota infamante con que el Juzgado de La Carolina quiso ? la limpia honra del Sr. Hebrar y devolvió a este y a su atribulada familia la tranquilidad de que tan necesitados estaban, acordando el

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libre sobreseimiento declarando de oficio los gastos de una causa, que, a no haber tenido tan feliz termino positivamente hubiera costado la vida al Sr. Hebrar, quien supe que tenia resuelto su suicidio para el momento en que se le hubiese compelido a extinguir la condena.
Esta brillante reparación, este elocuente triunfo no fue poderoso, sin embargo, a quebrantar la decisión del Sr.Hebrar nuevamente elaborada en su espíritu durante el curso del proceso, de trasladarse a Madrid, lo que llevo a cabo con imperturbable voluntad y sin atender ya entonces a consideraciones de familia, a respetos de amistad, ni siquiera tampoco a la conveniencia de sus propios intereses, porque atropello por todo y no tuvo en cuenta nada mas que su afán irresistible, su impaciencia vehemente, su raro capricho, en fin, impropio de sus años e injustificable a su edad.
De nada sirvo que recibiera tan numerosas felicitaciones en el pueblo, por la justa victoria alcanzada; el contento general del mismo por este satisfactorio resultado, y el unánime disgusto que  

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manifestó el saber las gestiones que para marcharse practicaba el Sr. Hebrar; nada pudieron contra la irrevocable resolución de este los ruegos de su triste esposa, que conocía la ligereza con que aquel obraba y lo descabellado de sus planes; nada alcanzo el amor de sus hijos que se quedaban y el cariño que siempre profeso a sus nietos; no bastaron argumentos de personas ilustradas, ni consejos prudentes de sinceros amigos; todo fue inútil. Los más potentes esfuerzos se estrellaron contra la voluntad granítica del Sr. Hebrar que impertérrito en su propósito firme dijo: “A Madrid por todo”, y a Madrid se fue, comprando en el una oficina muy acreditada y a cuyo frente estaba un sabio profesor de nombre ilustre , pero que tenia muy poco despacho.
En la oficina del Sr. Argenta que, por sus razones impertinentes de este sitio, no llego a tomar el nombre del Sr. Hebrar, continuo este con su laboriosidad incansable, su constante celo y el acierto y competencia de siempre, ejerciendo su honrosa profesión hasta los ultimos momentos de su azarosa vida, no obstante que en los ultimos años se había quebrantado sen-

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siblemente su importante salud, lo que inspiraba serios temores a su apesadumbrada familia que estuvo en incesante alarma siempre, por tener el ultimo convencimiento de que aquella traidora enfermedad que minaba la existencia de un ser tan querido y lo tenia en tan profunda postración y abatimiento físico, acabaría por darle bien pronto el terrible golpe final y conducirle a la eterna mansión de los justos, donde ya estará gozando la santa calma que busco en este mundo inútilmente.
El Sr. Hebrar hizo siempre de su sagrado cargo un verdadero sacerdocio. Aunque la farmacia no había sido su vocación, después que empezó a estudiarla despertó sus decididas aficiones y mas tarde su grande cariño que le ha dedicado con entusiasmo ardiente, consagrándose a su ejercicio tan largos años y con tanta satisfacción de todos aquellos a quienes ha prestado sus estimables servicios con exquisita delicadeza.
No era rudo ni descortés con el público sino cariñoso y atento pero sin pecar de amanerado y adulador, pronunciándose siempre en rebeldía contra las costumbres viciosas e inmorales de fascinar

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el impresionable espíritu de las gentes ridículas charlatanerías para explotar su ignorancia y su buena fe; y jamás consintió en prestarse a fáciles complacencias, cuando le consultaban sobre que medicamento seria mejor para tal dolencia, pues siempre se negaba rotundamente a informar en estos casos; estableciendo, en cambio, el deslinde preciso de atribuciones entre médicos y farmacéuticos y declarando con plausible sinceridad, que le honraba, su perfecta incompetencia para evacuar esa clase de consulta, advirtiendo de paso los peligros que eso ofrecía cuando algún farmacéutico tuviera la censurable debilidad de atender indebidamente esas inoportunas exigencias; explicaciones que daba con la deliberada intención de que sirviera de enseñanza al publico, para que este se abstuviera de ir a las farmacia con pretensiones, haciendo desaparecer así su motivo constante de eterna perturbación y disgusto entre ambas profesiones. A todos aplicaba un argumento general y terminante cuando le iban con consultas. ¿Va U., decía, en casa del zapatero por un pantalón, en casa del sastre por una azada, ni en casa del

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herrero por una montera?
Siempre ajeno a rivalidades indignas y mezquinos pugilatos de clase, ha procurado con espíritu conciliador y reflexivo ? los mejores procedimientos para colocarse en el medio mas justo, a fin de establecer vínculos estrechos de armonía y concordia, y conseguir la suspirada unión a que ha dedicado nobles esfuerzos, con envidiable alteza de miras y prudente tacto, sin aventurar nunca opiniones ni juicios que no hayan sido depurados antes en el crisol de su inteligencia procelosa.
Su palabra y su pluma han estado al servicio de los intereses profesionales, aunque pocas ocasiones ha tenido de levantar la primera, a parte de sus relaciones con el público, y es preciso decir en honor de la verdad, que ha andado bastante perezoso en esgrimir la segunda, lo que ofrecía raro contraste con su activa laborosiedad en la oficina. Sin embargo, aunque pocos, ha publicado notables escritos en la prensa profesional, especialmente en El Restaurador farmacéutico, y recuerdo haberle oído referir unas

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de una vez que debió a uno de ellos, publicado, me parece que en EL Semanario farmacéutico, la honra del nombramiento de socio corresponsal de este ilustre Colegio, en donde, al trasladarse a Madrid, hubiera hecho resonar, muchas veces sin duda, su voz elocuente tomando parte en sus brillantes lides, a los que era muy aficionado y para los cuales tenia notable habilidad y condiciones aventajadas; hubiera prestado, repito, su estimable concurso en los habilísimas tareas de este glorioso Colegio, a venir a Madrid bajo otros auspicios; mas joven y con la cabal salud de que ya no disfrutaba desgraciadamente, pue en realidad nunca se vio libre de achaques en este punto. Tengo entendido que el Colegio le nombro individuo corresponsal en sesión ordinaria de 21 de Junio de 1861, por indicación (pues entonces parece que esto solo bastaba) del en aquella razón Secretario D. German Martínez, también de fausta memoria; y el oportuno diploma que se le expidió, tiene fecha de 1º de Julio del mismo año.
No estaba engalanado, por derecho, con la púrpura doctoral quizás debido a su despreocupación, pero de hecho demostró en Casio-

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nes estar sobradamente enriquecido con conocimientos mas amplios aunque los que se exigen en las pruebas académicas necesarias para obtener tan honrosa investidura. Es mas, tuvo en cierta época ocasión legal, sin más que por un pequeño desembolso, de haber cangeado el titulo de Licenciado por el de Doctor, y, aunque muchos se lo aconsejaron, y lo hicieron, el no quiso tomar honores que no había ganado en justicia.
Sus notables artículos publicados en el Restaurado, el ultimo de los cuales vio la luz en el numero 1, correspondiente al 19 de Enero de este año y que llego a Madrid cuando ya no existía el Sr. Hebrar, están consagrados a la defensa de los derechos profesionales; a procurar la unión de las clases médicas, y a combatir toda suerte de abusos, de inmorales ingerencias y de repugnantes intrusismos extraños; cuestiones todas que tratan con notable lucimiento y competencia, haciendo frecuentes y oportunas citas en latín de máximos eruditos, tomadas de los sabios clásicos antiguos y de los cuales poseía un caudal abundante, así como de los aforismos

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Con que los hombres ilustres de otros días enriquecieron las ciencias en que trabajaban, y a los que tan grandes adelantamientos llevaron.
El Sr. Hebrar sostenía también las gloriosas tradiciones ordenancistas pero no estaba conforme con la tasa y en sus conversaciones y en sus escritos ha sido esforzado paladín de las leyes sanitarias defendiéndolas con ardor juvenil y demostrando con argumentos de gran fuerza, la conveniencia de su observancia e incondicional acatamiento. Era igualmente defensor de la limitación de oficinas y llevaba en muchos casos su modestia hasta invitarnos a empeñar con el discusiones sobre estos asuntos, de los que si no salíamos siempre vencidos y maltrechos por sus valientes argumentaciones y su brillante dialéctica, no era debido ciertamente a nuestras fuerza, que son harto escasas, sino a que hemos tenido la suerte del acierto en abrazar causas mejores, según nuestro humilde criterio, que aquellas defendidas por el Sr. Hebrar, sin duda con honradas convicciones y noble sinceridad, pero que careciendo de bondad y asentan-

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dose sobre tan deleznables bases, no pueden resistir los ¿ más benignos de una crítica severa y razonadora.
Amante de lo antiguo venerando, aceptaba también todo lo nuevo digno de respeto, sin ser en nada sistemático, y lo ha permanecido estacionario nunca, sino que, al tanto de los sorprendentes progresos científicos de nuestros tiempos, admiraba a los que le tratábamos verle como manejaba y desenvolvía todas las teorías modernas, con la misma asombrosa facilidad que recitaba el rico arsenal de aforismos latinos que aprendió en su edad temprana y que por ser tanta su afición a la elegante lengua del Lacio, conservo a través de los tiempos en su memoria, no tan feliz en otros conceptos, para que siempre constituyeran el bellísimo ornamento de los amplios conocimientos que atesoraba aquella esclarecida inteligencia.
Voy a terminar pronto, señores colegiales, y conozco que ya es harta razón hacerlo, pero no quiero dejar de consignar un hecho notable que demuestra elocuentemente hasta que punto llegaba el celo exquisito con que el Sr. Hebrar ejerció siempre su honroso ministerio, hecho tanto mas laudable cuanto que tuvo lugar en los ul-

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timos tiempos de su vida, en que por sus años y sus achaques debio considerarse relevado de tomarse tales molestias y cuidados tan minuciosos, que quizás no nos tomamos los que nos vemos en la plenitud de la existencia. El hecho, que me ha referido su inteligente practicante, es que, volviendo el de paso, ya muy entrada la noche, encontró el Sr. Hebrar ensayando muy afanoso una mezcla de azúcar y ? que se le pedía en una receta, lo que practicaba para cerciorarse de que el azúcar en cuestión no contuviera algo de glucosa para evitar, en contrario caso, los peligros que pudieran no prevenir de que la glucosa hiciera pasar a ¿, aquella sal mercuriosa. Ejemplos de esta naturaleza, me dice el practicante, eran muy frecuentes; y, en efecto, que yo también podría citar algunos observados por mi, pero no quiero molestaros más cuando, por otra parte el que dejo referido es expresivo y elocuente en demasía.
¡Descanse en paz el sabio profesor, el honrado ciudadano, el cariñoso amigo, y dignase compartir este recuerdo tierno que consagro a su triste memoria, con la sombra querida de su hija malograda, cuya hermosa imagen aun forma mi dulce embeleso¡
Navas de S. Juan, 20 de Abril de 1884. F. Carrasco










domingo, 14 de diciembre de 2014

Enterramientos de Gabriel Sagra II

GABRIEL CARRASCO HURTADO

Castillo y Villa de Castielfabib
© Alberto Julbe, para wikipedia

La edad media española es la historia de un anhelo. El ferviente deseo de recuperar ese basto espacio geopolítico que se creó, ya como una potente unidad, como provincia de Roma – Hispania - y que se consolidó suavemente mediante las distintas migraciones germánicas.
Desconcertantemente el despropósito gótico lo aprovecha el Califato de Damasco que en poco tiempo llega a Toledo. La España omeya. Al Andalus.
A la altura del siglo doce los reinos del norte prosiguen en su empeño y así encontramos a una de las familias (que es protagonista en Gabriel Sagra) paradigma de lo que luego se dio en llamar en la historiografía la Reconquista. Los Açagra –Azagra, Çagra o Sagra, castellanizado-.
No faltan los motivos de hallarlos en las Andalucías.
Ya en 1.147 el navarro Rodrigo de Açagra, Señor de Estella y Valtierra entra en la almorávide Baeça (Baeza, Jaén) para su Rey y Señor Don García Ramírez, Rey de Navarra. Fue recompensado con las villas de Alcanandre y Aradón, que donara posteriormente a la Orden del Temple.
Luego vendría su descendencia por tierras aragonesas y el enigmático Señorío de Albarracín, 1.157. Pedro Ruiz de Açagra, vasallo de Santa Maria de Albarracín, sin más Imperio ni Rey en la faz de la tierra. 
Navarra, Aragón y el imponente Reino de Valencia.
Y a Valencia entra Aragón por nuestro Castielfabib. Un extraño enclave entre Castilla, Albarracín y Aragón.
Siglos después a mediados del quince encontramos a nuestro Gabriel Sagra (Gabriel Açagra o Çagra) Trinxant de casa de la Reina, Caballero del Reino de Valencia y Camarero Mayor detentando el Alcaydiazgo de Castelfabib. 
De Gabriel Çagra hemos abierto no pocas líneas de acercamiento. Hoy recurrimos a esa que emprendimos en el post “Enterramientos de Gabriel Sagra”.



http://gabrielsagra.blogspot.com.es/2011/12/enterramientos-de-gabriel-sagra.html 


Sabemos que Gabriel Çagra fue sepultado en el Castillo de Castielfabib.
A propósito de nuestras indagaciones el eminente arqueólogo e historiador Bruno Rives Calbet nos dedico este delicioso informe:

“ Realizadas dos intervenciones arqueológicas bastante amplias en el castillo de Castielfabib en 2011 y 2012, centradas en desescombrar el recinto superior. La memoria está a punto de finalizarse.
La bibliografía acerca del castillo es escasa por ahora, y en algunos casos contradictoria. Castielfabib se halla en la comarca de Ademuz y fue el primer pueblo conquistado por los cristianos en la ofensiva sobre Valencia, treinta años antes de los que Jaime I narra en el Llibre dels fets. Pese a ello, apenas hay estudios. En el mapa se ve que está en pleno territorio castellano y aragonés, como una isla, y es una comarca "extraña" dentro del ámbito valenciano.
Viendo las imágenes del castillo, se comprueba que es una ruina.
En las primeras guerras carlistas, es ocupado y reedificado (o modificado) en parte por los carlistas y en 1839, tras la rendición de éstos, las tropas cristinas lo dinamitan para evitar que vuelva a ser tomado. Todo ese derrumbe, o gran parte de él, fue lo que se retiró en esas campañas arqueológicas, y se efectuaron algunos sondeos puntuales.
Pero no podría decir que se conoce bien la secuencia estratigráfica del castillo, ni mucho menos. No hay restos de enterramientos en el castillo (pero no se pueden descartar, insisto, sólo se retiró el derrumbe provocado en 1839). Sí hay enterramientos abundantes en la cercana iglesia-fortaleza, muchos de ellos enterramientos infantiles momificados descubiertos en una intervención de 2006 que también efectué yo. Las cronologías aún no están bien establecidas, pero apuntan a mediados del siglo XVI o inicios del XVII. Hubo un cementerio anexo a la iglesia, del que no creo que se conserve nada ya.
En el siglo XIV, hacia 1360, estallan la Guerra de los Pedros (Castilla contra Aragón) y el castillo es tomado por tropas castellanas y posteriormente reconquistado. En estos combates participaron tropas navarras y debieron de quedarse por la zona, porque es común el apellido Esparza por allí. Sagra.
Desde luego, el siglo XV es algo más tranquilo que el XIV en estas tierras, y sí sabemos que por aquellas fechas el castillo está técnicamente en ruinas. Otra dificultad añadida es que existen DOS castillos o como mínimo otra fortificación poderosa en Castielfabib. De esta segunda fortificación no hay datos en absoluto, y también está en ruinas.
Mi opinión es que se construye en el siglo XIII o principios del XIV al mismo tiempo que se amuralla la villa. Los documentos que menciono hablan de ruina y exigencia de obras en la torre celoquia del castillo, aunque es difícil precisar por ahora de cuál fortificación se trata.” 


Bruno Rives Calbet de CAVEA, INTERVENCIÓN Y GESTIÓN DEL PATRIMONIO CULTURAL